EL RÍO, de Wade Davis. Pre-Textos, Valencia, 2004, 639 p., 29 €

 

Cuando no sabía nada sobre las plantas, vivía el bosque como una maraña de formas, figuras y colores sin significado o profundidad, bello cuando era visto en su totalidad pero en última instancia incomprensible y exótico. Ahora los elementos del mosaico tenían nombres, los nombres implicaban relaciones y las relaciones estaban preñadas de significados. (p. 209)

Este libro que llega ahora a las librerías españolas, publicado en inglés en 1996, es por muchas razones desmesurado. En primer lugar, por su aparatosidad (más de seiscientas páginas de letra apretada). En segundo lugar, por el caudal de información que recoge y por lo inverosímil de las situaciones vividas por sus protagonistas, como si brotadas de la fuente del realismo mágico.

 

De entrada, esta es una obra memorística de marcado carácter científico. En catorce capítulos, el explorador etnobotánico Wade Davis nos relata el fruto de sus incursiones desde 1974 hasta 1982 para herborizar en Ecuador, Perú, Brasil, Bolivia, Venezuela y singularmente Colombia, solo o en compañía del malogrado Tim Plowman, muerto de sida en el 98. Este recuento da pie a relatar también los viajes previos (1941-1953) de su profesor de Harvard, Richard Evans Schultes, padre de la etnobotánica que instigó a sus alumnos a seguir sus pasos. En todos ellos se aprecia un incesante espíritu de curiosidad y una defensa enconada de la investigación de campo previa a aceptar las tesis de reverenciados botánicos de biblioteca.

 

En El río se presta una especial atención a las sustancias psicoactivas y se da un protagonismo casi constante a la coca, ligada a prácticas chamánicas curativas y adivinatorias en incontables culturas. Davis, Plowman y Schultes levantan acta de los pasos que se sigue en la preparación de drogas y medicinas, el ritual de su ingesta su importancia en el sistema de creencias indígenas antes de entregarse a experimentar ellos mismos alucinaciones con todo tipo de plantas. La sobreabundancia de notas botánicas y antropológicas puede superar al lector no especializado. Quien no sea ducho en botánica se verá sobre todo interesado en saborear las anécdotas: científicos con salacot que mambean coca incansablemente, el papel del azar en los descubrimientos, la dificultad de pilotar una avioneta con un solo motor…

 

El libro puede entenderse como apología de unas formas de vida indígenas enraizadas en un medio cada vez más precario. Incómodas historias de la Conquista española o sobre los desmanes acaecidos en la Amazonía en tiempos de la fiebre del “oro blanco” (el caucho) hacen sentir a uno vergüenza retrospectiva. El conjunto queda emparentado con El corazón de las tinieblas, Los pasos perdidos, la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, sin deberle en verdad nada a ninguna de ellas.

 

El lenguaje de la traducción colombiana es en general elegante, si bien se incurre en algunos anglicismos como “a su turno” por “a su vez” (p. 86 y otras), el ya clásico “dramáticas” por “drásticas” (p. 116) o “para el momento en que llegamos” por “cuando llegamos” (p. 149). En cuanto a los americanismos del libro, no son obstáculo para su cabal entendimiento.

 

El río, en suma, nos acerca las vidas de unos científicos humanísimos que sufren descomposición, malaria o hepatitis. Es una obra envolvente como el abrazo oscuro de la selva y cuyo principal atractivo radica la abigarrada galería de personajes que desfila por las páginas: policías sobornados con afrodisíacos, peluqueros mancos, chamanes alcoholizados, presidentes de países dueños de diarios, el inevitable catalán… Los tribulaciones en las expediciones científicas serias son en El río la aventura que goza cómodamente el lector.

 

Quant a gonzalezcastro

Andreu González Castro ha publicat quatre llibres de poesia en castellà (Retablo de Nueva York, Obra Nueva precedido de Currículum vítae i Maniobras diversivas) i un altre en català (Epigrames del Mas d'en Gall). També ha publicat el llibre de contes Safata d'entrada i ha coordinat en col·laboració amb Iván Sánchez Moreno La palabra justa. Homenaje a José Carol. Juntament amb Armando Luigi Castañeda ha escrit 100 motius per ser del Barça (i no ser del Madrid), publicat a Cossetània. Ja en solitari, és autor de 100 moments estel·lars del Barça (Cossetània, 2011). El seu debut novel·lístic ha sigut Bon cop de falç! (Columna, 2011), una obra escrita en col·laboració amb Ramon Gasch. El llibre va rebre el premi Nèstor Luján de Novel·la Històrica 2011. Publica de manera regular a la revista de cultura i pensament El Ciervo i al setmanari L'Informador de Martorell.
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