Lejos / cerca

Lo cierto es que en mi infancia, inmerso como estaba en la realización diaria de tareas escolares, creo que no veía mucho la televisión. En aquel tiempo triunfaba, dentro de la programación infantil, un espacio llamado “Barrio Sésamo”, de grato recuerdo. Como entonces la caja tonta aún no había abdicado completamente de sus deberes, y cumplía con la tarea que el clásico recomendaba de agradar al par que instruir (“delectare et prodesse”), el gran Coco, el monstruo de las galletas, residente de tan extraño barrio, enseñaba la diferencia entre los conceptos de “arriba” y “abajo”, “izquierda” y “derecha”, y otros de esta especie. Digo que yo no debía de ver mucho la televisión porque no olvidaré el ridículo espantoso que hice en una clase de gimnasia en la que debíamos acompañar nuestros gráciles saltos rítmicos de no sé qué gestos –estirar, agitar, un, dos– de los brazos que se nos indicara. Entonces me di cuenta de que o todos se confundían o era un servidor el que metía la gamba, y percibí la importancia que en la vida tienen, para moverse con soltura, saberes tan elementales como dónde tiene uno su mano izquierda y dónde su derecha.

No hay que ser un Einstein para percatarse de que hay conceptos relativos. Un partido que se define de izquierda, como el PSOE, tiene otro, IU, más a su izquierda. Algo que está “abajo” lo está con respecto a algo que está “arriba”. Pero este concepto tampoco es absoluto: algo que esté “arriba” puede tener algo que, a su vez, esté “más arriba”. Más ejemplos: una compañera de bachillerato que veía ocho horas de televisión los sábados, no consideraba que ocho horas fueran “mucho”. (Quizá ella retocaría la conocida reivindicación de principios del XX, “Ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de ocio” sustituyendo “ocio” por “televisión”). O algo que para una tercera persona está “aquí”, para mí, que estoy a cierta distancia, está “ahí”. Quinto ejemplo y último: todos sabemos los líos que nos hacemos cuando señalamos a otro un objeto entre muchos otros y decimos: “Es ese”. Y cuando coge algo advertimos: “No, ese no. Ese ”. Así que “ese” y “ese” resulta que no son iguales, que el objeto designado con el primer “ese” no es el mismo que el que designa el segundo “ese”. ¿No son “ese” y “ese” iguales? Pues no, mire usted.

Hasta aquí, todo son perogrulladas. Y mareos con tantas curvas, tantas eses. Sin embargo, querría aterrizar en la distinción apuntada en el título. Cuando un buen amigo mío se compró un piso a hora y cuarto de su lugar de trabajo, hubo quien se extrañó de la elección, obviando el peso que tiene para ese tipo de decisiones el factor económico, y le preguntó: “¿Cómo te has comprado un piso tan lejos?”. Mi amigo, que no tiene facilidad de palabra en la conversación, se explicaba torpemente, casi excusándose. Pero es que piensa, como me hizo saber un día, que los conceptos “lejos” y “cerca” son también relativos. El pueblo al que se irá a vivir está lejos de su trabajo, pero está cerca de muchos otros lugares: exactamente, de todos los de al lado. Así que no está ni lejos ni cerca, sino lejos y cerca. Depende de qué tomemos como punto de referencia. Y el propio ombligo, siendo un lugar central para cada cual, no es el centro del mundo.

En mi modesta opinión, conviene tener un tanto de excéntrico, es decir, como indica la palabra, de “fuera del centro”, de periférico. La tan cacareada imperiosidad de estar dentro de las cosas para juzgarlas es un tópico tan trillado e inconsistente que no necesita recusación. Pero es que el centro se define por lo que no es el centro, requiere la periferia para definirse, más que frente a ella, junto a ella. Pero dejemos estos vericuetos para otro día. Su discusión no llevaría demasiado… ¿lejos?

 

5 / 4 / 01

Quant a gonzalezcastro

Andreu González Castro ha publicat quatre llibres de poesia en castellà (Retablo de Nueva York, Obra Nueva precedido de Currículum vítae i Maniobras diversivas) i un altre en català (Epigrames del Mas d'en Gall). També ha publicat el llibre de contes Safata d'entrada i ha coordinat en col·laboració amb Iván Sánchez Moreno La palabra justa. Homenaje a José Carol. Juntament amb Armando Luigi Castañeda ha escrit 100 motius per ser del Barça (i no ser del Madrid), publicat a Cossetània. Ja en solitari, és autor de 100 moments estel·lars del Barça (Cossetània, 2011). El seu debut novel·lístic ha sigut Bon cop de falç! (Columna, 2011), una obra escrita en col·laboració amb Ramon Gasch. El llibre va rebre el premi Nèstor Luján de Novel·la Històrica 2011. Publica de manera regular a la revista de cultura i pensament El Ciervo i al setmanari L'Informador de Martorell.
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