Considerado un heredero la generación del 50, José Luis Giménez-Frontín (Barcelona, 1943) cuenta con una dilatada trayectoria poética a sus espaldas de algunas de cuyas claves creadoras da cumplida cuenta Ramón Andrés en un prólogo esclarecedor. Estamos ante una poesía que pone en entredicho la subjetividad, pues que el ser se transforma en el continuo fluir; que trata así de lo no-posible como de lo consumado (léase “La canción”); que renuncia a la anécdota autobiográfica en aras de plasmar la “vida del espíritu”.
Los poemas plantean problemas estéticos de alcance. “Imposible respuesta a Peter Sloterdijk…” aventura que estamos “Del otro claro lado del olvido” cuando escuchamos música (o cuando leemos o escribimos). “Leve tarascada versicular…” vuelve sobre la pugna entre claridad y oscuridad que Antonio Machado tan paradójicamente planteó. Otros poemas muy notables son una pesadilla de los sentidos y de la mente (“Más allá del temido portón…”), se proponen como moderna metamorfosis ovidiana (hermoso “Transfiguración de Julia ‘Buterflay’…”) o audazmente asimilan los copos de nieve en Manhattan a quienes se lanzaban al vacío desde un WTC en llamas. Enrique Badosa le podría reprochar la repetición de “antiguo” y variantes, pero estamos ante un muy buen poemario.