Este libro de divulgación filosófica juega a la vulgarización proponiendo una cena con aperitivo, entrantes, plato fuerte, ensalada, quesos, postre, café y copa. Para cada uno de esos momentos se sugieren temas de conversación filosófica, de modo que el arco se tiende desde los presocráticos hasta los hipermodernos, pasando por Spinoza o Montaigne (por quienes los autores sienten una predilección poco disimulada).
Lo mejor de este Manual que propone hacer gala de una erudición “a la violeta” es la parodia del exhibicionismo seudocultural, la crítica a las impostaciones y esnobismos de todo signo que se establecen en torno a la mesa. Irónicamente, la parodia nos prepara para el combate de egos que se establece en los banquetes –con el platónico como referencia más directa.
Los autores han ejercido con este libro su derecho a escribir un divertimento de probable éxito comercial (en la estela de El mundo de Sofía). En vez de una historia de la filosofía indigesta, han optado por servir unos aperitivos para abrir boca. Por último, cabe advertir que el libro no es apto para francófobos, pues es francés hasta en las sangrías de los párrafos de la bibliografía. Y sobre todo tan francés que el desfile de referentes patrios es del todo desmesurado.